A propósito de la aprobación de la Termoeléctrica Castilla, o cómo el dinero termina tomando la última palabra

Camila Vallejos




Es sabido por todos que en la mayor parte de las actividades que realizamos a diario y en las cosas que utilizamos se consume energía o se requirió de ella para su fabricación. La sociedad humana utiliza por medio del transporte, las fábricas e industrias, la minería, los hogares, la tecnología, etc. una gigantesca cantidad de energía todos los días para poder funcionar. Si no fuese así las sociedades no serían capaces de crecer ni desarrollarse, sin embargo, la gran mayoría de la energía que consumimos hoy, proviene de fuentes no renovables y muy dudosamente se producen para el servicio de la humanidad toda.
De esta manera debemos estar concientes, primero, de que la energía que utilizamos proveniente de fuentes como los hidrocarburos, el carbón, el uranio, los agrocombustibles, las mega-represas y demases, tarde o temprano se agotarán. Segundo, que estamos explotando fuentes de energías que producen un alto nivel de contaminación en el aire, las aguas, la tierra y por tanto, están minuto a minuto produciendo un fuerte impacto en los ecosistemas donde conviven plantas, insectos, animales y, evidentemente, el ser humano, atentando con la biodiversidad y acabando con especies que en futuro incluso podrían ser la cura de enfermedades inesperadas para el ser humano.
En tercer lugar, debemos preguntarnos ¿por qué si existiendo desarrollos tecnológicos muy alentadores en cuanto a la substitución de estas energías sucias y no renovables por otras limpias o menos contaminantes, en Chile no se hace nada?, ¿por qué seguimos explotando en mega proyectos estas mismas fuentes arcaicas y altamente nefastas en el deterioro de los paisajes, la salud y la calidad de vida de nuestra población y nuestros ecosistemas?, ¿acaso nos volvimos locos?, las respuestas lamentablemente siguen encontrándose dentro del marco de los intereses económicos.
En una sociedad capitalista y neoliberal como la nuestra, es el dinero el que tiene la última palabra, son los intereses económicos de los dueños de las grandes empresas nacionales y multinacionales los que guían y determinan la voluntad política de los actores supuestamente decisivos. En esto la ciudadanía debe estar clara, porque todos y cada uno de los proyectos termoeléctricos, hidroeléctricos y mineros impulsados en el último siglo en nuestro país, han sido con el beneplácito de gobiernos subordinados a los intereses de personas y compañías con fortunas inimaginables que vienen a servirse de nuestros recursos, hipotecando nuestro futuro y encubriendo bajo el discurso del “desarrollo” la concentración y el acaparamiento de enormes riquezas que deberían ser de todos.
Resulta fácil para las autoridades de gobierno ceder la producción energética a las grandes empresas, resulta fácil no cambiar la matriz energética por sus altos costos, y resulta eidentemente fácil y conveniente además ganar un pedazo de la torta por el sólo hecho de autorizar la puesta en marcha de mega proyectos como HidroAysén, Alto Maipo, la recientemente aprobada termoeléctrica de Castilla (sino pregúntenle al socio de Hinzpeter, Andrés Jana, mismo abogado del magnate Eike Batista) o la que seguramente querrán aprobar en Isla Riesco.








Todo resulta más lamentable cuando nos damos cuenta que la mayor parte de la energía que se produce con estos proyectos no va al abastecimiento familiar ni a mejorar la calidad de vida de los chilenos y chilenas, sino que es utilizada para abastecer a la gran minería de cobre que en su mayoría es de propiedad privada, es decir, estamos regalando nuestros recursos naturales, terminando con la biodiversidad, poniendo en riesgo la salud de las personas, desplazando comunidades y muchas veces arriesgando la fuente de trabajo de miles de chilenos a costa de fomentar el robo de agentes foráneos. Bonita la cosa!
La verdad es que las ansias de lucro y poder, acompañadas de una triste visión cortoplacista no les permite siquiera pensar en el futuro de sus propios hijos y nietos, no les permite ver siquiera que acabarán destruyendo a su propia especie. Pero los ciudadanos somos cada vez más concientes y no nos quedaremos sentados e inertes viendo como obsecionados con el dinero terminan destruyéndolo todo y dejando al pueblo sin nada. Porque esto no se trata de mero ambientalismo, se trata de justicia y dignidad, se trata de respetar los derechos de la humanidad y la madre tierra.
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