La Amazonia no es eterna

La Amazonia no es eterna
Por Stephen Leahy

El apocalipsis amazónico está a la vuelta de la esquina, aseguran científicos reunidos en la conferencia de lanzamiento del Año Internacional de la Diversidad Biológica.



PARÍS, La Amazonia “está muy cerca de un punto de inflexión” y, en caso de seguir la depredación, quedará reducida a un tercio del tamaño que tenía hace apenas 65 años, advirtió Thomas Lovejoy, uno de los más reconocidos biólogos tropicales del mundo.

El cambio climático, la deforestación y los incendios son los vectores de este potencial apocalipsis amazónico, señaló Lovejoy, presidente de The Heinz Center, con sede en Washington, y principal asesor de la presidencia del Banco Mundial en materia de biodiversidad.

El científico formuló estas declaraciones en la conferencia “Ciencia y políticas de biodiversidad”, organizada del 25 al 29 de enero en París por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). En esa oportunidad se lanzó el Año Internacional de la Diversidad Biológica.

“El Banco Mundial dio a conocer un estudio que finalmente reúne los impactos del cambio climático, la deforestación y los incendios, en el cual se indica que el punto de inflexión para la Amazonia es de 20 por ciento de deforestación, un resultado de temer”, alertó Lovejoy en conversación con Tierramérica.

El trabajo, titulado "Assessment of the Risk of Amazon Dieback" (“Evaluación del riesgo de muerte de la Amazonia”) y divulgado el 22 de enero, utilizó los conocimientos de varias instituciones internacionales, entre ellas el japonés Instituto de Investigaciones Meteorológicas, la británica Universidad de Exeter, el alemán Instituto de Potsdam, el brasileño Centro de Previsión del Tiempo y Estudios Climáticos y la alemana Earth3000.

Los resultados fueron evaluados por un panel de científicos de renombre internacional.

Lovejoy, quien fue director del comité científico responsable de esta investigación, dijo que la Amazonia ya ha perdido entre 17 y 18 por ciento de sus árboles. Además, “tiene un destacable sistema hidrogeológico donde el bosque genera por lo menos la mitad de sus propias lluvias”.

Esto significa, literalmente, que el bosque produce precipitaciones en su propia área, pero también en muchas otras, entre ellas en el occidental estado brasileño de Mato Grosso, e incluso el norte de Argentina, explicó.

Lo que el estudio muestra por primera vez es cómo se combina el recalentamiento planetario que va camino de alcanzar los dos grados, con la deforestación que llega a casi 20 por ciento del bosque original y los incendios forestales que hacen que el sistema hidrogeológico de la Amazonia comience a colapsar.

El sur y sudeste reciben mucha menos lluvia. Los bosques con menor humedad son más propensos a los incendios, que no sólo causan destrucción, sino que también secan más los árboles cercanos que quedan en pie. Todo esto reduce la capacidad de la selva de producir precipitaciones.

“El bosque termina convirtiéndose en un Cerrado (la sabana brasileña) luego de muchos incendios, miseria humana, pérdida de biodiversidad y emisión de carbono a la atmósfera”, puntualizó Lovejoy.

La temperatura en la Tierra ya ha subido 0,8 grados respecto de la era preindustrial. En la 15 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, realizada en diciembre en Copenhague, prácticamente todos los países acordaron que el recalentamiento no puede superar los dos grados.

“Para la Amazonia en su totalidad, el bosque tropical remanente se reducirá a alrededor de tres cuartos de su área original para 2025 y sólo quedará un tercio para 2075, como consecuencia de la acción combinada del cambio climático, la deforestación y los incendios”, concluye el informe.

“La buena noticia es que las áreas deforestadas pueden ser reforestadas y brindar un margen de seguridad”, sostuvo con algo de optimismo Lovejoy.

Se estima que una sola hectárea de la Amazonia contiene unas 900 toneladas de vegetación, lo que incluye más de 750 tipos de árboles y otras 1.500 plantas, según la investigación.

Una sola laguna en Brasil puede sostener mayor variedad de peces que todos los ríos de Europa. Y en la cuenca amazónica se han identificado más de 2.000 especies, más que en todo el océano Atlántico.

La cordillera de los Andes y la selva amazónica albergan a más de la mitad de las especies de flora y fauna del mundo. Por ejemplo, allí vive uno de cada cinco pájaros del planeta.

Lamentablemente, antes de que termine este siglo se extinguirán muchas, tal vez la mayoría. Luego de millones de años de existencia, una gran cantidad de plantas, insectos, pájaros y otros animales no se verán más. La pérdida de hábitat y el cambio climático serán los principales motivos de su desaparición.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) estima que 30 por ciento de todas las especies se extinguirán para fines de este siglo, si el recalentamiento no se mantiene por debajo de dos grados.

Otros, como el entomólogo Edward. O. Wilson, profesor de la Universidad de Harvard, expusieron ante los participantes en la conferencia de la Unesco que las extinciones pueden llegar a 50 por ciento.

“Nuestro propósito este año es centrar la atención del mundo en la necesidad de frenar la destrucción de la biodiversidad”, explicó el secretario ejecutivo del Convenio sobre la Diversidad Biológica, Ahmed Djoghlaf, en la apertura de la conferencia en París.

Los países partes del Convenio acordaron en 1990 enlentecer el ritmo de pérdida de biodiversidad para 2010. Pero “no cumpliremos ese objetivo”, aseguró Djoghlaf a Tierramérica.

Sin embargo, con las acciones vinculadas al Año Internacional de la Diversidad Biológica, Djoghlaf espera que la biodiversidad, es decir la naturaleza, concite gran interés y apoyo de los dirigentes políticos y del público en general.

Bajo el lema “La biodiversidad es vida. La biodiversidad es nuestra vida”, los organizadores del foro de París lanzaron un plan educativo para explicar que plantas, animales, insectos, pájaros y bacterias conforman los ecosistemas mundiales que brindan a la humanidad alimentos, fibras, agua y aire limpios.

Según la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio, 60 por ciento de los ecosistemas mundiales están degradados, por lo que “tenemos la obligación” de cambiar nuestro modo de vida, dijo Djoghlaf.

En octubre, los 193 países partes del Convenio establecerán nuevos objetivos de reducción de la pérdida de biodiversidad en la conferencia de Nagoya, Japón.

La razón de que no se alcanzaran las metas previstas para 2010 fue que los países no pudieran definir cómo las cumplirían, cuestionó Djoghlaf.

Tras haber aprendido de estos errores, el experto confía en que los países fijarán objetivos nacionales específicos, con planes exhaustivos para alcanzar las metas, lo cual luego redundará en un objetivo global para 2020.

“Tendremos estudios, informes e indicadores científicos que nos guíen, pero al final corresponderá a la dirigencia política establecer objetivos y políticas para que eso ocurra”, opinó Djoghlaf.

* Corresponsal de IPS.
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